“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

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9/11/16

Peregrinos, territorio y potencia según Baruch Spinoza

 “Une civilisation qui, depuis tant de siècles, a été, plus que n’importe quelle autre, déchirée par les conflits entre villes et campagnes, entre pouvoirs ecclésiastique et séculier, par la concurrence entre la foi et le savoir, par les luttes de domination politique et les antagonismes de classe, ne pouvait qu’apprendre dans la douleur comment les différences peuvent être communicantes,comment les oppositions peuvent s’institutionnaliser et comment les tensions peuvent être stabilisées.” Derrida J.,  Habermas J. [1]

Obras de caridad ✆ Pieter Brueghel
Sergio Rojas Peralta

Migrar es – se dice hoy – una crisis y lo será aún más en el futuro. En Europa, pero también en otras partes. Como ver pasar cubanos y africanos de múltiples y desconocidas nacionalidades por Centroamérica para llegar a Estados Unidos. Migrar es una cuestión de persecución o de escasez, principalmente pero no únicamente. Es decir, es una cuestión de seguridad y libertad, en los términos en que plantea Spinoza el sentido de la formación de Estados, y dicha cuestión se expresa así para el migrante y a la vez para los del país de acogida, los nacionales. Y parece obvio, desde la filosofía de Platón, que la demografía juega una función básica en la constitución del Estado, así como importa el civis y a la vez el peregrinus. ¿Dónde se ubica el migrante, para usar un término contemporáneo? Así formulada, la pregunta es territorializante, deleuzianamente desterritorializante, y también es una sobre el estatuto de unos individuos, cuales daimones se convierten en vasos comunicantes entre un adentro y un afuera, entre un arriba y un abajo.

20/12/14

Piezas de ajedrez | Nunca hubiera pensado que yo tuviera cualidades de artesano

Rolando “El Negro” Gómez
El Senador Enrique Erro vino a mi celda la tarde en que le avisaron de su supuesta libertad (luego supimos que no era tal, sino sólo un traslado a Buenos Aires).  Vino a reclamar por adelantado lo que yo había prometido: regalarle el juego de ajedrez que yo hacía a mano con migas de pan, y que a él tanto le había gustado al verme ir haciéndolo con paciencia y tiempo de más.

El juego no estaba todavía completo.  Había comenzado yo por los fáciles peones, los cuales tenían la cabeza redonda, un peinado con flequillo, y unas polleras con flecos que le daban un supuesto aspecto de pajes medievales.  Los alfiles eran en realidad mi orgullo: un casco puntiagudo, blasón de armas medieval al pecho, y una lanza vertical lograda al insertar un palillo escarbadientes en la miga de pan antes de secarse.  

3/5/13

¿Qué tenía en su cabeza Albert Einstein?

Albert Einstein
✆ Hanoch Piven 
Juan Forn

Un auto cruza Estados Unidos de costa a costa. En él viajan dos hombres y el cerebro de Einstein. El que maneja no importa; es sólo el chofer en esta historia. El que va sentado a su lado se llama Thomas Harvey, tiene ochenta años y fue el médico forense que hizo la autopsia de Einstein. Su destino es Berkeley, California, el lugar donde vive Evelyn Einstein, la nieta o quizá hija del gran científico (en los papeles figura como adoptada por Hans Albert, el primogénito de Einstein, pero dice la leyenda que en realidad era la hija de la vejez del genio). Evelyn es desprogramadora de sectas, pero Thomas Harvey no lo sabe, ni le haría diferencia: lo único que le importa es decidir qué hacer con el cerebro de Einstein. Lleva cuarenta y cinco años de celosa custodia y sabe (no hace falta ser forense para notarlo) que no le queda mucho más tiempo de residencia en la Tierra. Por eso ha aceptado el ofrecimiento del joven periodista que maneja a su lado y se deja llevar en coche de un extremo al otro de Estados Unidos, para decidir el destino de los dos tupperwares que van en el baúl.

18/1/13

La cuestión sartreana / “No se combate el fascismo porque se le pueda ganar; se lo combate porque es fascista”

Óleo y acrílico ✆ Fernando Gerassi
Juan Forn

El 18 de julio de 1936, el pintor español Fernando Gerassi estaba charlando con amigos en la vereda del café La Rotonde, de París, cuando pasó Malraux y les dijo que Franco se había alzado en España y que había empezado la guerra civil. Gerassi, que estaba cuidando a su hijo de cinco años mientras su mujer trataba de terminar su maestría en La Sorbonne, depositó al pequeño sobre la falda de uno de sus amigos, le pidió que le explicara a la madre lo que había sucedido y se fue a España a defender la República. Miles de españoles en el mundo hicieron lo mismo, ese día y los días siguientes. Pero el amigo en cuyos brazos depositó Gerassi a su hijo Juanito era Jean-Paul Sartre. Hasta entonces,

16/12/12

De cuando los geómetras patearon el tablero de Euclides y pusieron en aprietos al mismísimo Kant

José Antonio Gómez Di Vincenzo

Especial para La Página
El quinto postulado de la Geometría Euclidiana se había instalado, desde la antigüedad, como un verdadero dolor de cabeza para muchos estudiosos de la filosofía de la geometría y la geometría misma. El mismo Euclides (ca. 325 - ca. 265 a. C.) hacía todo lo posible por evitarlo en sus demostraciones, apelando a él recién en la proposición XXVII de sus famosos Elementos, la que establece la igualdad de los ángulos alternos internos que se forman cuando una recta corta dos paralelas. Muchos de sus teoremas quedaron demostrados haciendo uso y abuso de complejos rompederos de cabeza; teoremas cuya justificación hubiese sido muy sencilla y elegante de haber invocado el quinto postulado. ¿Por qué tanta aversión al uso del quinto por parte de su creador?

11/11/12

Gertrude Stein escribió una ‘autobiografía’ de Alice B. Toklas donde habla sin parar de sí misma

Gertrude Stein  Andy Warhol
Juan Forn

Ella después dijo que manejó una ambulancia en el frente durante la Primera Guerra, pero la historia es así: Gertrude Stein había visto en París a una amiga norteamericana bajando de un coche que decía “Fondo USA de Ayuda a Heridos de Guerra”, preguntó qué se necesitaba, le dijeron ambulancias, logró que una prima de Estados Unidos le regalara (y le enviara desde allá) el modelo más grande de coche que fabricaba Ford, le hizo pintar las siglas FONDO USA y se sentó al volante. Su amante Alice B Toklas era quien lo hacía arrancar, cambiaba las gomas pinchadas, cargaba y descargaba medicamentos o provisiones: Gertrude sólo manejaba. Permítanme agregar que Alice Toklas era una lauchita esmirriada con bigote de gendarme y Gertrude Stein era una mole de compacta gordura y cabeza de emperador romano, según el famoso dictamen de Picasso. Un fotógrafo fue una vez a retratarla de entrecasa. Le dijo: “Haga cosas y yo la fotografío”. Qué cosas, preguntó ella. Las que hace habitualmente, dijo el fotógrafo. “Puedo ponerme el sombrero y quitármelo y me gusta el agua, puedo beber un vaso de agua. Las demás cosas las hace Alice”, contestó ella.

Los dos natalicios de Fedor Dostoievski

Fedor Dostoievsky  Ariel de la Vega
Eduardo Galeano

Por primera vez nació en Moscú, en el día de hoy de 1821. A fines del año 1849, nació de nuevo, en San Petersburgo.

Dostoievski llevaba ocho meses peso, esperando su fusilamiento. Al principio, no quería que ocurriera nunca. Después, aceptaba que ocurriera cuando tuviera que ocurrir. Y por fin quería que ocurriera cuanto antes, que ocurriera ya, porque peor que la muerte era la espera. Y así fue hasta la madrugada en que él y los demás condenados arrastraron sus cadenas hasta la plaza Semenovsk, a orillas del río Neva.

Y la voz de mando mandó, y al primer grito los fusiladores vendaron los ojos de sus víctimas. Al segundo grito, se escuchó el clic-clac de la carga de las armas. Al tercer grito, Apunten, sonaron súplicas, gemidos, algún llanto; y después, silencio. Y silencio. Y más silencio, hasta que en ese silencio de nunca acabar se escuchó que el zar de todas las Rusias, en magnánimo gesto, había enviado su perdón.

16/8/12

San Onofre / Una Promesa in-cumplida

San Onofre ✆ José Tomás Barazarte,
escultor popular de Boconó, Edo. Trujillo
 
Erick Antonio Jimeno

Especial para La Página
No soy un hombre devoto. De  esos que derraman su caudalosa fe en los altares de oropel de iglesias coloniales,   y la manifiestan al mundo  con cirios, velones, y exvotos.  De los que acuden religiosamente cada domingo a los  deberes  de la liturgia, confesión y comunión incluidas. O de los promeseros que siempre tienen una deuda pendiente  con la Virgen,  o  con los  Santos. No. Definitivamente no me considero un creyente. Desde niño, abjuré en secreto de esos símbolos y   señales   de la cruz, padrenuestros, avemarías,  y rosarios  que con rigurosa penitencia se rezaban cada día al caer el sol,  en la casa de mis mayores, sometido  como estaba  al disciplinado fervor de mi abuela y de mi madre. Sólo por eso   repetía vespertinamente, con obligado acatamiento, las oraciones recurrentes y saltarinas. Tarde tras tarde, misterio tras misterio.  Bajo el yugo matriarcal.

Debo reconocer, sin embargo, que mis inclinaciones  de  apóstata  precoz  terminaban  cediendo  en el rosario  al arrullo de  las letanías, y no sé por qué encantamiento melódico, me reconciliaba en aquellos momentos con la cadencia y poesía de esos versos marianos  que salmodiaban  la  Rosa Mística, Torre de Marfil, Casa de Oro, Arca de la Alianza, Puerta del Cielo, Estrella de la Mañana,  como metáforas  lunares  y perfumadas que hacían renacer  fuegos extintos  en mi   impiadoso corazón.

En ese tiempo, para decirlo en una sola frase,  me sostuve con una  religión católica de camaleón sin  excesos de ortodoxia. Porque, hablando en cristiano,  Dios siempre me pareció un sujeto razonable. Metódico y calculador, como un profesor de matemáticas. Inventor de los días,  las semanas, los afanes y  los ocios,  y que  aprendió,  entre  zarzas  y decálogos, a  tolerar ciertas expansiones mundanas de sus criaturas, y  hasta permitirnos  mostrar , otros rostros y  otras máscaras, como en un carnaval.

24/7/12

Gustav Klimt / Besos y formas sensuales en tonos dorados

Gustav Klimt ✆ Fabricio Manohead
Koldo Landaluze

En pleno 150 aniversario del nacimiento del pintor austriaco Gustav Klimt, nos sumergimos en las entrañas de una obra labrada en tonos dorados y plata que bordean la sensualidad y las fantasías estilizadas. Obras como «El beso» han decorado durante años infinidad de habitaciones y han abierto ventanas hacia paisajes en los que se intuyen ninfas y ensueños.

Las pinceladas de Gustav Klimt adquieren una dimensión especial y detallan con precisión la evolución del arte en Viena desde el Historicismo caduco que se intuía en sus primeros coqueteos con el arte hasta un estilo más evolucionado y que derivaría hacia un espacio creativo propio y personal. Siempre se le ha considerado como un pintor muy particular, dotado de un estilo muy definido. Sin embargo, en su obra topamos con influencias muy claras provenientes de otros movimientos lindantes con el impresionismo y el simbolismo.

Nació en los suburbios de Viena el 14 de julio de 1862, en el entorno de una familia de origen modesto. Su padre, Ernst Klimt, era un orfebre de origen checo cuyos padres habían emigrado a Viena. Su madre era Anna Finster, cantante aunque su vocación era llegar a ser actriz, sueño que nunca cumplió lo cual le sumió en depresiones profundas. Era el segundo de siete hermanos: Klara, Ernst, Hermine, Georg, Anna y Johanna. En 1867 inició sus estudios en la Bürgerschule donde no tardó en mostrar sus precoces dotes para el arte lo que propició que su familia espoleara su afición por los pinceles. En 1876 se escenifica una etapa fundamental de su vida cuando ingresa en la Escuela de Artes y Oficios (Kunstgewerbeschule). Esta institución de nueva creación, tenía como objetivo fundamental crear una nueva camada de maestros, artesanos o proyectistas. La base de esta enseñanza se asentaba en subrayar las nociones del dibujo, y fue en este espacio donde el carboncillo se enfrentaba al papel, donde Klimt destacó rápidamente por su dominio del naturalismo. Fruto de ese talento reflejado en infinidad de bocetos, varios de sus profesores lo instaron a asistir a clases avanzadas, que fueron impartidos por grandes pintores del Historicismo: Ferdinand Laufberger y Julios Viktor Berger.

23/6/12

Recuerdos del ‘Quintazo’ / Una historia argentina, de Tucumán

Quinta Agronomica UNT Tucumán   José Lazarte 
Rolando “El Negro” Gómez

Especial para La Página
Imagínense ustedes por un momento una comunidad estudiantil sin “redes sociales” ni teléfonos celulares; sin Internet ni twitter.  Cientos, miles de estudiantes tomando el predio de la universidad, movidos solamente por el mensaje boca a boca, la determinación, la conciencia y la militancia política.

En 1972 el que escribe estas líneas era muy joven; casi un adolescente.  Acababa de terminar el ciclo secundario en el Instituto Técnico de la UNT, todavía con algunas materias pendientes, y se aprestaba a inscribirse en la UTN, decidido a “independizarse económicamente”; a trabajar y estudiar de noche.  Sin embargo, acumulaba ya una cierta experiencia militante y de participación en el primer tucumanazo como estudiante secundario; como un joven militante de base.  Uno de los tantos miles. La explosión de lucha estudiantil en junio de ese año, cuya expresión más álgida fue el Quintazo, fue una expresión local del creciente activismo juvenil en todo el país producto de la persistente lucha obrera y popular contra la dictadura militar.