“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

7/4/12

Gaitán en el simbolismo ideológico e histórico del Teatro Municipal de Bogotá

Teatro Municipal de Bogotá
Gloria Gaitán 

Escenario para la politización de los sentimientos

Especial para La Página
Para comprender lo que representa  para la historia de las luchas del pueblo colombiano el Teatro Municipal Jorge Eliécer Gaitán, es necesario saber que el Teatro Municipal original, situado donde hoy es la Plaza de Armas del Palacio de Nariño, fue escenario y forja del movimiento popular más grande y fuerte con que haya contado la historia de Colombia.

Fue demolido para borrar el recuerdo de lo que representaron las conferencias del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, cantera desde donde se forjó la pasión del pueblo para lograr la fuerza inmensa de un movimiento que, en las urnas en 1947, en toda la Nación, derrotó estruendosamente a las oligarquías liberales y conservadoras.

Para captar la dimensión que tuvo ese escenario en la primera mitad del siglo XX, es indispensable saber cuál era el objetivo de aquel movimiento que su líder resumió diciendo:
“Lo que queremos es la democracia directa, aquella donde el pueblo manda, el pueblo decide, el pueblo ejerce control sobre los tres poderes de la democracia burguesa: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y que, además, garantice la equidad en el aspecto económico. Allí donde el pueblo es el pueblo, el pueblo ordena y ejerce un mandato directo sobre y en control de quienes han de representarlo. Todo esto exige trabajar honda y apasionadamente en el cambio de una cultura que despierte en el pueblo voluntad para regir directamente sus destinos y exige un profundo cambio constitucional para disponer de una Constitución acorde con la necesidad de un mandato popular directo sobre los destinos de la patria, que elimine los filtros que la democracia burguesa establece y defiende”.
Por lo tanto,  tarea central del líder popular fue buscar el cambio de cultura, a la que definía diciendo: “… entendemos por cultura, no la adquisición de conocimientos decorativos y vagamente educativos, sino un régimen de convicciones que rigen realmente la existencia de un pueblo”.

Para el maestro Gaitán es entonces la cultura la que rige nuestra existencia. Por ello dirá: “El hombre piensa, razona, ama u odia en virtud de un conjunto de motivos que el medio, su educación, su temperamento, su cultura le preparan y le ordenan.”

Por lo tanto, para el líder popular no bastaba forjar una consciencia política a nivel de la razón,  sino que debía politizarse el subconsciente, a fin de realizar una reingeniería cultural. Así dirá: 
“La escolástica, para demostrar el libre albedrío, dice que nosotros nos sentimos libres, y esto es natural y se explica, porque en el momento en que nuestra razón razona, es porque ya es un momento en que esos factores se han cristalizado por fenómenos psicológicos anteriores. Ya hay, pues, una afectividad sobre la cual se ha repercutido el medio y entonces se cree ser libre… Cuando se entra a actuar es en un plano secundario muy avanzado que ha pasado por el subconsciente. El consciente nuestro pasa a una segunda categoría, contra el cual nada vale nuestro rechazo”. Planteamiento que ha sido corroborado por los más destacados neurocientíficos del siglo XXI, como son los investigadores del famoso Instituto alemán Max Plach.  Su director, el profesor Wolf Singer, basándose en sus investigaciones y experimentos de punta afirmará: “nosotros somos los últimos que nos enteramos de lo que nuestro cerebro tiene la intención de hacer”.
Esta misma concepción fue la que tuvo el maestro Gaitán de manera visionaria, llevándolo a  concluir que actuamos movidos por el subconsciente, donde subyace nuestra cultura. Fue esta la razón que motivó al maestro Gaitán para instaurar en el Teatro Municipal sus famosas  conferencias semanales, llamadas “viernes culturales”,  retransmitidas por radiodifusoras en cadena hasta los más remotos rincones de Colombia.

Su objetivo fundamental, para crear una cultura participativa, fue elevar la dignidad del pueblo, despertar su orgullo y autoestima, haciéndole reconocer su importancia en la vida nacional, de donde surgió el slogan clásico, que se lee en los billetes colombianos de mil pesos: “El pueblo es superior a sus dirigentes”

Utilizó su voz incomparable, educada en la Ópera de Milán, donde aprendió a trabajar su voz con las mismas técnicas empleadas por los cantantes, razón por la cual empleaba en sus oraciones el diafragma y no la garganta.  Se ejercitó para ampliar su caja toráxica, para obtener una mejor respiración, que ejercitaba diariamente. Se hizo operar los tabiques para alcanzar determinados timbres de voz, porque sabía que al subconsciente se le llega con la emoción  a través de las ondas sonoras que conmueven e invitan a la lucha.  Se hizo operar la dentadura para obtener un mejor manejo de la resonancia en su oratoria. Toda aquella preparación y entrenamiento como orador, los acompañó de la fluidez de su palabra,  que levantó el orgullo del pueblo y despertó su decisión de ser actor y no espectador de la vida nacional.

Con la transmisión de sus ideas creó consciencia racional y con el timbre de su voz forjó emoción colectiva y, como él mismo lo decía: “la suma de razón y emoción forma la pasión, herramienta fundamental en toda lucha humana”.

Se podían recorrer todas las ciudades y los pueblos de Colombia escuchando los viernes en la noche sus discursos transmitidos por radio, provenientes del Teatro Municipal en Bogotá, porque la gente colocaba sus radios en las ventanas, frente a las cuales se aglomeraba la multitud, ya que el Teatro Municipal de aquel entonces no daba abasto para la multitud que a la entrada hacía largas colas desde muy temprano, para tener el privilegio, no solo de oír sino  de ver al “Jefe”, cuya expresión corporal era igualmente fruto de una larga disciplina.

Han sido el Teatro Municipal y la Plaza de Santamaría cuna del orgullo popular y de su autoestima. Es ésta la razón por la cual el Concejo de Bogotá, una vez demolido por el odio y el miedo a la memoria,  el viejo teatro, le otorgó al nuevo Teatro Municipal el nombre de Jorge Eliécer Gaitán. Y es por esta misma razón que el Concejo de Bogotá le dio, mediante acuerdo, el nombre de Plaza Gaitán a la Plazoleta que queda frente a la Plaza de Santamaría,  escenario de dos multitudinarios eventos participativos convocados por el Movimiento Gaitanista: la Convención Popular de 1946 y la Constituyente Popular de 1947.

Estos dos lugares arquitectónicos, junto con El Exploratorio del barrio Santa Teresita,  son monumentos elevados en honor y gloria del pueblo que se hizo gigante gracias al mensaje de dignidad y orgullo que le transmitió el maestro Gaitán.